Búsqueda      Idioma 
     
 
 
Regnum Christi
Presentación General
Noticias
Espiritualidad
Misión
Afiliación
Vida consagrada en el Regnum Christi
 
 
  LEGIONARIOS DE CRISTO | Sábado, 25 de octubre de 2014
MEXICO | Regnum Christi | Noticias
Donde hay caridad y amor, ahí está Dios
Homilía del Card. Norberto Ribera Carrera, en la misa del Encuentro de Juventud y Familia de la Ciudad de México (20 de febrero de 2010).
 
Share

México, 20 de febrero de 2010. En el marco del Encuentro de Juventud y Familia que se lleva a cabo del 19 al 21 de febrero, el Card. Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, presidió la celebración eucarística ante 10 mil personas que se dieron cita al evento.


A continuación ofrecemos el texto de la homilía:


*****


Muy queridos hermanos sacerdotes legionarios de Cristo. Queridos hermanos y hermanas del Regnum Christi. Queridos matrimonios que renovarán sus votos conyugales, queridos jóvenes.


Nos encontramos en el tiempo fuerte de la cuaresma, un tiempo dedicado a la conversión hacia Cristo y hacia los hermanos, que nos invita a revisar nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestro corazón de cara a Dios en nuestras vidas. Esta revisión no puede ser subjetiva, como si nosotros fuéramos los únicos jueces de nuestra vida. Esta revisión tiene que ser de acuerdo al Evangelio, de acuerdo al plan de Dios que se ha revelado y que debe de ser el marco en el que debe desarrollarse nuestra existencia. A eso hemos sido llamados, a establecer el Reino de Cristo. La narración de la vocación de Mateo en el evangelio que acaba de ser proclamado, es una llamada que no sólo sucedió hace unos dos mil años. Es una llamada a cuestionarnos por el desempeño de nuestra vida.


Mateo tiene la vida hecha, una posición social, una forma de resolver sus necesidades materiales. Su profesión no era aceptada por los judíos, y era despreciada por todos los demás. Pero era su profesión. Era la fuente de su seguridad personal. De pronto, Jesús entra en su vida con una palabra: Sígueme. Posiblemente esta palabra era la última de otras muchas que habrían intercambiado el artesano de Nazaret y el recaudador de Cafarnaúm. Con todo, esta palabra es decisiva. El evangelio la propone como determinante, nos habla de la prontitud con la que Mateo cambia de vida. Dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Para Mateo, todo cambia, y empieza a tener un sentido nuevo. Su pasado, su profesión, sus conocimientos, sus actitudes, sus capacidades, sus amistades, todo se enmarca en esta nueva luz. Bajo la luz de este llamado: Sígueme. La luz que da Jesús le transforma totalmente.


Ustedes se reúnen este fin de semana bajo el lema “Donde hay caridad y amor ahí está Dios”. Este lema sirve como pista para encontrar un camino. ¿Dónde está Dios en nuestra vida? ¿Dónde está Dios en las circunstancias no siempre fáciles que nos toca vivir? ¿Dónde está Dios en la vocación de cada uno de nosotros? La respuesta es clara. Donde hay caridad y amor ahí está Dios.


Dios no está en nuestros juicios sobre las cosas, las personas, las instituciones. No está en nuestra capacidad de juicio que es corta, limitada a veces por el estrecho horizonte de nuestras perspectivas, de nuestros sentimientos. Nuestro juicio puede equivocarse con facilidad. Dios no está en las voces que gritan a nuestro alrededor, en las dudas que surgen en nuestro interior, en las presiones de nuestro mundo. Dios no está en el torbellino de la diversión, del sexo, de las sustancias adictivas, de la violencia, de la moda. Dios no está en las ideologías seductoras, en los pensadores brillantes, en los liderazgos poderosos. Dios no está en la desesperanza.


¿Donde está Dios? Donde hay caridad y amor. ¿Y cuál es el primer lugar de caridad y amor? ¿Cuál es la primera voz que dice, qué sentimos “te quiero”? ¿Cuál es el primer ambiente en que experimentamos que alguien se entrega a nosotros con caridad generosa e incondicional? Creo que para todos nosotros es muy clara la respuesta. Ese lugar es la familia. La voz de la mamá, la mirada del papá, la cercanía de los hermanos, son como los ladrillos del primer amor que todos experimentamos.


Ahí está Dios. En una familia que por supuesto tiene defectos y pecados. En una familia que no siempre nos dio las respuestas que esperábamos. En una familia que no siempre satisface todas nuestras peticiones materiales. Pero en una familia en la que lleguemos en la situación que lleguemos, con el problema que lleguemos, siempre ahí escuchamos dos palabras: te quiero. Y tendremos la certeza de que ahí esta Dios.


En la misma tarde de la llamada de Jesús a Mateo, hubo una fiesta. En esa fiesta estaban los publicanos y los pecadores. En esa fiesta estaba Jesús. Para el Señor, el pasado no es una piedra que nadie puede remover de la espalda de las personas. Para Él, el pasado es una oportunidad para mirar hacia delante, con un corazón agradecido por haber sido redimidos, salvados y por haber sido objeto de un encuentro. Del encuentro con Cristo. Los encuentros con los seres humanos son muchas veces lastimosos. Los encuentros con Jesús son siempre gozosos, liberadores, esperanzadores, aún en medio de la cruz, del dolor, de la oscuridad.


Este encuentro no se vive en el aislamiento del propio corazón. Este encuentro se vive en primer lugar en la familia. Cada familia, cada matrimonio tiene esta vocación. Ser el lugar de encuentro con Jesús. Ser el lugar donde Jesús habla y tiende la mano, donde Jesús cambia nuestra vida.


Cuando dentro de unos instantes, ustedes queridos esposos y esposas, se intercambien de nuevo las promesas conyugales, estarán repitiendo las palabras que los hicieron una familia. Estarán renovando la centralidad del amor en sus vidas y por lo tanto estarán haciendo presente a Dios de nuevo en sus hogares. Hoy cada uno y cada una de ustedes vuelve a escuchar una voz que le dice sígueme. Sígueme en la generosidad de la vida común del matrimonio. Sígueme en tus tareas cotidianas. Sígueme en el perdón ofrecido y recibido del cónyuge. Sígueme en la entrega no siempre fácil a los hijos. Sígueme en el testimonio de los valores cristianos en esta sociedad de dinero, de poder, de placer, ídolos destructores de la entrega sencilla, amorosa y sacrificada, sin la cual no es posible una familia.


Sigan a Cristo como esposos cristianos, como padres cristianos, como laicos comprometidos en la Iglesia, al servicio de la sociedad, desde la experiencia del Regnum Christi. Su amor hará presente a Dios en su familia, durante todos los días de su vida.


No quiero terminar sin dirigirme a ustedes los jóvenes aquí presentes. Hoy también ustedes acaban de escuchar la palabra de Jesús, sígueme. ¿Están dispuestos a seguir a Jesús? ¿Están dispuestos a dejar de lado la ambición, la corrupción, el egoísmo para seguir a Jesús? ¿Están dispuestos a responder a su llamada a la vida conyugal o a la vida sacerdotal o consagrada, con un corazón generoso, desprendido de su egoísmo? Espero que así sea.


Solamente no se olviden de una cosa. El seguimiento de Jesús como sacerdotes, como laicos consagrados o como laicos casados, no puede apoyarse sólo en las fuerzas que ustedes tienen. El encuentro con Jesús requiere que se apoyen en él, en su fuerza, en su gracia, en su perdón que los fortalece.


Así lo decía a través del profeta Isaías en la primera lectura: es el Señor quien da reposo, quien sacia tu hambre y da fortaleza a tu cuerpo. El Señor te da el agua que no se agota.


Estoy seguro que ustedes no quieren una vida vacía. Sigan el camino del egoísmo y de la autosuficiencia y tendrán eso. ¿Quieren ser felices? Descubran el amor y la caridad. ¿Quieren ser felices? Descubran que en donde pongan caridad y amor ahí estará Dios.


Encuéntrense con Cristo. Encuéntrense con su juventud. Encuéntrense con su familia. Y encontrarán la plenitud que nadie les podrá arrebatar. Porque habrán encontrado el amor de verdad. Vean ahora a sus padres, a los esposos que van delante de ustedes en la vida. Véanlos prometerse un amor para siempre. Que ellos sean testigos ante ustedes del amor que dura todos los días de la vida. Que ellos sean testigos ante ustedes del amor de Dios.


Muchas veces ustedes no verán lo que están esperando en el momento. Muchas veces sufrirán la decepción. No sean como los discípulos que después de la muerte de Jesús regresan a sus casas desesperados, cuando Jesús, el resucitado empieza a conversar con esos discípulos su corazón se llenaba de alegría. Pero fue especialmente en el partir del pan cuando reconocen de nuevo a Jesús que los había llamado, que lo habían visto colgado en la cruz, el que parecía que no tenía futuro. Y corrieron con alegría a dar la noticia a los demás.


Jesús parece que se nos oculta, pero se nos hace presente en su camino, se nos revela en su palabra, pero sobre todo en su Eucaristía.




FECHA DE PUBLICACIÓN : 20 de febrero de 2010

TODOS LOS ARTÍCULOS RELACIONADOS
FOTOGALERÍAS
IMPRIMIR
ENVIAR POR E-MAIL
BAJAR A PALM (PDA)
GENERAR PDF
COMENTARIOS Y SUGERENCIAS AL EDITOR
PÁGINA DE INICIO
Share COMPARTIR
 

¿Cómo caminar sobre agua sin hundirse?
Encuentro de Juventud y Familia 2010