Lugar de publicación: En Movimiento, nº12
Fecha de publicación:
mayo-junio 2009
JML.-Recordarán al monje Jorge de Burgos, el anciano ciego
de “El nombre de la rosa”. Estaba empeñado en esconder
el segundo libro de la poética de Aristóteles, dedicado, según
Eco, a la risa y a la comedia, pues entendía
que nada podía ser más pecaminoso que el buen humor.
El P. Agustín de la Vega, L.C. es justo lo
contrario de aquel personaje. Es un legionario de Cristo
desde hace más de 38 años que disfruta de un
excelente humor. De hecho, suele decir: “Hay tres cosas en
la vida que uno nunca debe perder: la vida de
gracia, el apetito y el buen humor”. Hoy, este legionario,
impulsor hace tiempo de la Fundación Kolbe y de
los orígenes de la revista NET, dirige uno de
los apostolados más queridos por la Legión de Cristo,
Alter Christus, un programa de ayuda a los sacerdotes diocesanos.
¿Y cómo
ayudan a los sacerdotes desde Alter Christus?
Procuramos hacerlo de
la mejor manera posible. En forma de apoyo pastoral a
través de los programas de Red Misión: Virgen
Peregrina de la Familia, Catequesis, Juventud y Familia Misionera…,
o por medio de actividades organizadas específicamente para ellos: A
nivel local y nacional: retiros, convivencias sacerdotales, ejercicios espirituales. A
nivel internacional organizamos dos veces al año un Curso de
renovación sacerdotal en Jerusalem, de 18 días de duración. Acuden
sacerdotes de los 5 continentes y verdaderamente transforma a los
sacerdotes.
¿Es cierta esa soledad en la que, a veces,
se encuentran los sacerdotes diocesanos destinados en parroquias?
Es más
común de lo que parece. Bien es verdad que goza
de la presencia y de la compañía de Jesucristo en
la Eucaristía; pero humanamente suelen estar muy solos. Por ello,
buena parte de mi actividad consiste en visitar sacerdotes. Estar
con ellos, hablar. La mayoría de las veces, aunque están
rodeados de gente, no tienen con quien hablar para intercambiar
proyectos, experiencias, anhelos. La soledad que experimentan no es necesariamente
física, pues ésta desaparece con la presencia de cualquier latoso,
sino de una soledad que podríamos llamar de sintonía y
acompañamiento. ¿Sabe usted lo que es un latoso?
¿Alguien que molesta?
Latoso es aquel que te quita la soledad sin hacerte
compañía. El sacerdote diocesano es un auténtico héroe, vive su
vocación de servicio a Dios y a los demás, muchas
veces en medio de la incomprensión de algunos, la falta
de sintonía de otros, la lejanía de los que el
quisiera tener cerca y la presencia de algún latoso.
¿Por qué
Legionario de Cristo?
Por ocurrencia de Dios. Estudié con los
Legionarios de Cristo desde el parvulario y terminado el bachillerato
ingresé a la Legión. Soy, sin mérito propio, la primera
vocación legionaria de un colegio nuestro. Alguien tenía que ser
el primero y me tocó a mí. Siempre me cautivaron
la alegría y el entusiasmo de los sacerdotes del Cumbres.
Y no digamos el ambientazo que formaban en las convivencias
de fin de semana: El P. Gregorio López, el P.
Carlos Mora, el P. Gustavo Izquierdo… Ese modo de ser
sacerdote, alegre, generoso y al mismo tiempo lleno de gran
fervor fue preparando mi alma para el momento en que
Dios hizo su invitación. La hizo en dos tiempos. Cuando
tenía 11 años surgió en clase de religión el tema
de la vocación. Un compañero pregunta: “Perdone padre, si uno
tiene vocación ¿qué tiene que hacer?”. La respuesta fue clara:
“Si quieres ser feliz la tienes que seguir, pues si
Dios te pensó para ser sacerdote, ése es tu camino
en la vida y por tanto de tu felicidad”; entonces
el compañero que a mi lado se sentaba preguntó: “¿Y
cómo sabe uno si tiene vocación?”. “Si tienes vocación –respondió
el padre- tú lo escucharás en tu interior, Él se
encargará de llamarte”. En ese momento yo hice en mi
pupitre esta oración: “Señor, si Tú me llamas, yo voy
a decir que sí, pero te pido un favor: ¡qué
me entere bien! No vaya a ser que Tú me
llames y yo no me entere”. Pasaron los años, y
en el último curso de bachillerato, pasó el promotor vocacional
a dar una charla sobre la vocación. Era el 23
de septiembre de 1970. Me encantó la propuesta tan clara
y exigente que hizo, y recordé lo que había pasado
7 años atrás en clase de religión. Al pasar la
papeleta yo escribí “SI”. Y aquí estoy.
¿Una anécdota para encender
la fe?
El P. Rafael Arumí nos decía en el
noviciado que cuando todo parezca oscuro y nada veas: “enciende
un dedo”. Se refería a la fe.
¿Es usted libre en
la Legión de Cristo?
La esclavitud de una fe sólida
en Jesucristo te convierte en la persona más libre de
este mundo. Juan Pablo II, hablando a los religiosos decía
que “la riqueza de una personalidad se mide por la
fuerza de sus vínculos”. Los votos religiosos son esos vínculos
que nos atan por amor. Todos hemos visto a un
alpinista escalar auténticas paredes de roca, con una cuerda atada
en la cintura que va colocando en las picas de
acero que clava en la roca. Nadie en su justo
juicio dirá que esa cuerda le quita libertad al alpinista.
Todo lo contrario, esa cuerda, ese estar atado, es su
verdadera libertad. Y gracias a eso puede saltar, moverse con
seguridad y llegar a la cumbre. Así es mi libertad,
querida, buscada, sujeta a unas normas y principios que me
permiten subir y conquistarme a mí mismo para Dios. Una
libertad que nunca escoge, que nunca se compromete, no sirve
de nada. Soy auténticamente libre en la Legión.
¿Y feliz?
En
la medida que me abniego lo soy.
Lo más importante en
la vida es…
Descubrir el amor de Dios. Experimentar ese
amor en la persona de Jesucristo. Para ello, hay tres
cosas en la vida que uno nunca debe perder: la
vida de gracia, el apetito y el buen humor. Dios
es alegre. ¿Sabe usted por qué los ángeles se ríen
en el cielo?
No lo sé
Por la gracia de Dios.